La intención de este artículo es contribuir al entendimiento de las crisis espirituales y su diferenciación de las Emergencias Espirituales.
Durante el transcurso de los años 1997 al 2001, sobrevinieron muchas experiencias complejas en mi vida.
A fines de 1997, me separé de mi segunda mujer, la madre de mi única hija. Fue un proceso muy difícil y tortuoso. No voy a entrar en análisis de las causas ni responsabilidades pero no fue de la forma que hubiese querido. Fue de mucha discusión y mucho desamor.
Sumado a eso, quedé sin trabajo, inesperadamente y sin expectativas de encontrar otro a corto plazo y todas las responsabilidades económicas recaían sobre mí; pude seguir sustentándome aunque no de forma fácil.
A l tiempo tuve que vender la casa donde vivía y donde había nacido mi hija.
Simultáneamente, estaba terminando mi formación como facilitador del GTT, lo que ocurrió en 1999 y hacía que estuviera en un proceso de trabajo interno muy grande. En 1998 fue que pude desarticular mi COEX de abandono y estaba estrenando una nueva visión del mundo, en el cual no tenía muchas referencias y los resabios de la antigua visión luchaban por mantenerse; al menos estaban al acecho para reinstalarse.
Comencé una nueva relación de pareja que no fue para nada sencilla. Ella tenía las mismas características abandónicas que las otras parejas que había tenido. Ahora creo que fue para, que de una vez por todas, tomara conciencia de mi forma de posicionarme frente a lo femenino. A la vez era muy carente afectivamente, muy reclamante y celosa al extremo.
Porfiado por naturaleza, me negaba a aceptar el nuevo mundo que se abría frente a mí.
Cuando comenzó esta relación, estaba trabajando el tema de mi seducción y de la forma en que, estereotipadamente, me relacionaba de esa forma con el mundo, lo que hacía que tuviera menos referencias de cómo actuar y cómo relacionarme. Todo eran dudas, cuestionamientos a mi forma de ser, de relacionarme, a mis sentimientos, a mi concepción del mundo y hasta de la materia y el Caos.
En los meses sucesivos sobrevino la crisis económica más grande de la historia del Uruguay, lo que llevó a que estuviera 11 meses sin trabajar. Esto hizo que quedara con muchas deudas económicas.
Por otra parte mi estructura de ser omnipotente se esforzaba en mantenerse viva y hacía que me siguiera esforzando en mantener la idea de que dando en exceso no iba a tener que pedir y la otra persona, fuera quien fuera iba a estar “en deuda” conmigo, lo que me dejaba a resguardo de la posibilidad de pedir y ser rechazado. Eso generaba un stress y un gasto de energía que me desconectaba de mi centro, lo que necesitaba más que nunca.
Fue una época en la que participé de forma muy asidua, de rituales chamánicos y sesiones psicodélicas con LSD. Durante varios años participaba de rituales dirigidos por chamanes que venían de regiones andinas, con Ayahuasca, Pechote, Hongos y tomaba psicodélicos en sesiones, a veces acompañado de algún amigo y otras veces solo.
La única actividad que mantenía era la de hacer algunos talleres de RH, cada tanto, ya que la crisis económica hacía muy difícil que la gente concurriera y la de terapeuta, con unas pocas consultas individuales, por la misma razón.
Al poco tiempo y debido a la profundización de mi trabajo interno, sentí que no tenía ya más referencias de este mundo y que la realidad cotidiana no era más que otra de las ilusiones que creaba nuestra mente (Maia), por lo que decidí que en esas condiciones no podía ser el acompañante terapéutico de nadie y dejé todas mis actividades, manteniendo solamente y como podía, la de padre.
En ese período, finalmente dejé mi relación de pareja y me encontré con la realidad de mi ser como existente, sin nada alrededor.
Las referencias ya no existían, el mundo se limitaba a mi casa y su jardín, las relaciones, a la de cuidar a mi hija que, en ese momento, tenía 6 años y mi interior era una vorágine de torbellinos que no paraban de girar y tragarse todo lo que andaba alrededor. Sin embargo, frecuentemente sentía estar en el ojo del huracán, donde estaba sentado, en calma, observando la locura del mundo externo, que no tenía un límite claro con el interno.
Eso me dio siempre la certeza de que si bien, muchas veces, la situación me desbordaba y no encontraba razón a mi vida, el proceso era interno. No podía ver el rumbo, no lograba descifrar qué sucedía, la realidad ya no tenía consistencia pero tenía claro que la Existencia era real y que debía pasar por el infierno para alcanzarla.
Creo que esa es el principal indicio de que no fue una EE y si una crisis existencial o espiritual. A pesar de la locura existencial, había un lugar de mis ser, aunque recóndito, que me permitía mantener cierta relación con el mundo externo y con mi hija y tener claro que había un final de la crisis.
El tema era llegar al fondo; muchas veces dudé de si sería capaz de llegar y por primera vez surgió la idea del suicidio. La certeza existía, pero la vida cotidiana era devastadora. Cada día, al despertar, tenía que hacer una estrategia de cómo pasar el día y llegar nuevamente a la noche, en que volviera a dormir. Pasaba días enteros sin salir de mi casa o mi jardín y si sonaba el teléfono, lo sentía como una intromisión en mi vida.
Allí tuve el impulso de comenzar a escribir. Siempre lo hice, toda mi vida escribí sobre mis sentimientos, mis búsquedas, pero este período fue muy creativo y siento que fue la llave inicial para la salida. También comencé a pintar, a dibujar, a hacer distintos tipos de arte.
Ese arte fue el que me permitió poder llegar al fondo y comenzar la salida. No sé muy bien cómo sucedió eso, solamente, en un momento comencé a sentir cosas diferentes, comencé a sentir ganas de salir, el sol tomó brillo nuevamente y el amor se acordó nuevamente de mí y yo de él. No era un amor a una persona en particular. Era el Amor, era sentir alegría de existir, de ser parte de la Existencia y que ella tenía sentido, tenía un orden que no era de nuestra dimensión y yo era parte de ella.
Transcribo algo que escribí en el peor momento de la crisis y que siento, fue el punto de inflexión en el proceso.
Me despido de esta vida fantasiosa, sin más que cuerpos disfrazados de armaduras, ridículas aún para medievales intelectos.
Vi la luz y me perdí en la huella del orgullo, patinando entre barros, hasta encontrar la noche más oscura de mi alma.
Veo un bosque de espesura indescriptible, donde humos y vapores alimentan sus pantanos. Luces que no penetran su follaje, surgen de su seno, dando difusa claridad a su entorno inquietante y de miradas más sabias que reales.
Lianas y humedad, calor soporífero cargado de aromas que no pueden olerse destruyen mis relaciones neuronales.
Etéreos dragones me sobrevuelan, desparramando sus llamas de utilería que sólo queman el alma, despreciando mi cuerpo y mi materia que vaga sin rumbo, buscando una luna con su estrella que una vez me mostraron la realidad de mis ser existencial.
Voy cayendo más allá de lo admisible en nuestro mundo, flotando en un descenso atemporal, donde emociones y pensamientos no son más que millones de radios descompuestas que tratan de superponerse unas a otras: y me siento tontamente feliz de comenzar a no existir, con una estúpida esperanza egóica de volver a existir.
Ya no soporto viejas vestiduras que ocultan mi frágil estructura patológica.
Siento que muero agobiado de ignorancia. Mi piel se abre y la sangre brota tratando de limpiar las heridas de una guerra que perdí desde el principio. La de un soldado solitario que muchas veces admiré ser y cuya única ambición era encontrar una rodilla donde apoyar la cabeza para que una mano amorosa despeinara, prolijamente mis cabellos.
Tal vez mi cuerpo muera de aquí a poco o tal vez intente matarlo, aunque sé que no es mi cuerpo el que debe morir.
Sé que existe el fondo. Espero poder llegar a él.
Como conclusión quiero decir que siento importante marcar la diferencia entre una EE y una crisis profunda.
En las EE el material inconsciente surge de una manera en que ocupa todo en nuestro psiquismo y no podemos operar en lo cotidiano mientras que en las crisis, si bien pueden ser profundas y podemos perder toda referencia, uno puede mantener su vida, aunque restringida y hay una certeza de que existe la salida.
Espero haber contribuido a la comprensión de estos procesos profundos o como aporte a las personas que estén pasando o hayan pasado por alguno de ellos.
Quiero aclarar que todo lo expresado aquí es simplemente mi percepción de lo que fue mi proceso y mis reflexiones sobre las crisis en general y no intenta ser una postura académica.
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